¿Qué pasa cuando visitas un lugar de adrenalina y aventura buscando un día de calma?
—En lugar de dar brincos y alaridos uno camina tranquilo.—
Más allá de las puertas de Wild Canyon yace un camino de calma, uno que da la bienvenida a mentes jóvenes aun admiradas con las simplezas del mundo, un camino que guía a aquellos cuyo ritmo ha cedido ante el tiempo a través de visiones de calma y asombro. Y ahí estaba yo.
Animal Kingdome es una atracción con toda la familia en mente, en ella, eres guiado por múltiples cabañas de madera, cada una un altar a una especie. Indicaciones y “snacks” son repartidos entre los visitantes permitiéndote experimentar cada santuario de una manera única y personal, llenando cada parada con pequeños momentos que brillan por si solos y crean una visita memorable.
Caminé a las puertas de Wild Canyon en el frio de una mañana nublada, aquellos cercanos a mi corazón a mi lado, de ellos heredé su llamado a la aventura, ellos han sido testigos de mi constante crecimiento. En mis hombros encuentra asiento un niño que dirá lo mismo sobre mi cuando su llamado a la aventura llegue. Sabiendo el camino que nos esperaba, caminamos.
Caminé con calma incluso si yo no vine en busca de paz, tampoco vine buscando asombro y descubrimiento, sólo vine a admirar, a ver a mi corazón de pie frente a mí, vi sus rostros, los observé brillar como el mundo que nos rodeaba, vi sus ojos encontrar mi mirada, y hacer lo mismo. Observamos el mundo juntos, después meses y miles de kilómetros, estábamos juntos, en el mismo instante, en el mismo recuerdo, en la misma paz. Y ahí estábamos nosotros, juntos en una sonrisa.

